Lleida siembra de solares vacíos su centro histórico

Cuando las máquinas terminen de limpiar los escombros del edificio de la calle Cavallers que se desplomó la semana pasada, el barrio contará con un solar más. El espacio será hormigonado y quizás vallado, una situación muy parecida a la que han sufrido una cuarentena de solares vacíos que esperan un uso y que, de momento, sólo albergan buena parte de los problemas socioeconómicos de la zona. Pasear por el centro histórico de Lleida será un poco más desolador.

Los comercios ya casi no existen más allá del principio de las calles Cavallers, Caldereries y la Palma, justo donde cruzan con la calle Major de la ciudad. Los minoristas se quejan de la falta de incentivos para la implantación y la supervivencia de pequeñas empresas. Las medidas propuestas por el ayuntamiento -pequeñas ayudas y rebajas en los trámites de apertura de negocios- no son suficientes para atraer nuevas inversiones ni para mantener las empresas.

Deficiencias
Permanecen pocos vecinos de los de toda la vida. Éstos han ido emigrando a otros barrios con mejores condiciones. De aquellos que nacieron y crecieron en el centro histórico quedan algunos ancianos que recuerdan como la calle Cavallers había sido el principal eje comercial de la ciudad.

Marta Camps, concejal de urbanismo, aún no se atreve a exponer las causas del desplome, aunque todo apunta a que éste ha sido uno más de los edificios del centro que padecen un grave problema de construcción.

Los vecinos de toda la vida comparten espacio con otros nuevos, más jóvenes y en una difícil situación económica que han aterrizado en el barrio gracias a los alquileres sociales. Tras los bombardeos de 1936 el barrio quedó en ruinas y la reconstrucción se hizo de forma deficiente con materiales pobres como madera y adobe. Los inmuebles se fueron edificando unos encima de los otros, sin que hubiera una fachada medianera para cada bloque. La falta de medianeras ha acarreado importantes carencias estructurales, las más graves han sido los derrumbes de tres edificios en los últimos ocho años.

Evitar el peligro
Ante las condiciones de ruina de muchos inmuebles, el consistorio ha ordenado demoler todas las casas que supongan un peligro. Demoliciones controladas que han ido dando paso a solares vacíos. Espacios, en su mayoría, de titularidad privada y en los que no está prevista ninguna obra.

A pesar de las tareas de control e inspección técnica -99 inspecciones en lo que llevamos de año-, parece que los esfuerzos políticos para solucionar las dificultades del casco histórico no dan, por el momento, ningún fruto, según afirman vecinos y asociaciones, que critican la falta de voluntad para poner fin a la problemática tanto urbanística como social del barrio. Desde el consistorio se defienden asegurando que se dedican “muchos esfuerzos” en la zona. Una de las últimas actuaciones es la apertura de una línea de ayudas para rehabilitar edificios del centro histórico. El consistorio subvencionará aquellas obras que realicen los propietarios de los inmuebles deteriorados y con un importe máximo de 8.000 euros por vivienda.

Un barrio nuevo
Una de las entidades más reivindicativa, la Plataforma para la Dignificación del Pla de l’Aigua, exige la construcción de un barrio nuevo. Miquel Sabaté, portavoz de la plataforma, asegura que es posible “empezar desde cero, recalificando y dando usos sociales y de servicio a todo el centro”. Desde la entidad denuncian que los pisos que están en peor estado son de alquiler y son “los inquilinos los que acaban asumiendo los riegos”. Sabaté critica: “No se debería permitir el arrendamiento de viviendas en mal estado. Hay que expropiar, recalificar toda la zona y construir edificios para clases medias y altas. Debemos buscar un equilibrio que evite el gueto que hay ahora”.

En este sentido, el presidente de la misma entidad, Josep Maria Muñoz, explica que han presentado de forma reiterada propuestas para convertir el centro en un barrio ecológico, sostenible y erigido bajo criterios de bioconstrucción, partiendo del modelo del distrito alemán de Kronsberg, en Hannover. Pero esta solución supone un plan estratégico integral, un replanteamiento y un presupuesto imposible de asumir por el consistorio y los particulares.

A pesar de las críticas y para dar salida a la gran cantidad de solares que pueblan el núcleo, el área de urbanismo del ayuntamiento de Lleida emprendió en 2011 el proyecto Solares Vivos. El plan consiste en conseguir que los propietarios cedan temporalmente sus solares vacíos para darles mediante procesos participativos un uso social e interesante para la comunidad. Por el momento, tal como explica Helena Guiu, responsable del proyecto, sólo se ha conseguido realizar un aparcamiento, una zona recreativa y un área de cine a la fresca. “La tarea de implicar a los ciudadanos en procesos participativos es difícil y lograr que los propietarios cedan sus solares, todavía más. Desde el Ayuntamiento nos gustaría que las entidades del barrio se implicaran más en el rediseño del uso de los solares”. Así, aunque hay una decena de solares hormigonados de fácil mantenimiento y limpieza, en el resto de espacios siguen cohabitando la prostitución, el tráfico de drogas y la marginalidad.

Incivismo
En la parte más alta del barrio se concentran los mayores problemas de civismo. Varias chicas sentadas delante de los portales ofrecen sus cuerpos a lo largo de las calles Sant Andreu, Gairoles, Sant Martí, Companyia y Boters. Abajo, entre Caldereries y la parte baja de la Palma también ofrecen sus servicios. En la calle de la Suda, Sant Andreu, Boters y la Plaça del Dipòsit se trapichea y se trafica con drogas. Detrás del antiguo seminario, donde se proyectaba la nueva Audiencia hay un campamento de personas que sobrevive sin hogar, sin papeles y sin recursos.

A la clase media y alta de Lleida le cuesta poner sus pies en el casco histórico. Otras capitales como Girona y Tarragona han dignificado sus centros  y ahora están repletos de turistas y comercios. “Otras ciudades han conseguido rehabilitar totalmente sus zonas más antiguas, Lleida por los materiales deficientes de sus construcciones no puede hacerlo”, sentencian desde la concejalía de urbanismo.

*Cecília López*

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