El Pirineo leridano, un ‘photocall’ de película para el oso pardo

Oso Pyrus

El oso ‘Pyros’, en la Vall de Cardós.
Autor: Parc Natural de l’Alt Pirineu

Aventureros de todo el mundo preparan sus cámaras y limpian sus teleobjetivos para intentar inmortalizar alguno de los 25 osos que viven en el pirineo leridano. Atrás quedó la polémica liberación del oso pardo que ahora empieza a dar frutos en forma de noches de hotel, comidas de restaurante, visitas guiadas, cafés en el bar y, en definitiva, turismo.

La reintroducción del oso pardo en el Pirineo, realizada entre 1996 y 2007 en el marco del programa Life de la Unión Europea, fue el inicio de una dilatada polémica que llegó a su punto álgido en octubre de 2008, cuando, según parece, Hvala, una osa eslovena liberada en 2006 por el gobierno francés se cruzó en el camino de un cazador en Les (Val d’Aran) y le hirió un brazo y una pierna. Este suceso incendió los ánimos de buena parte de la sociedad aranesa. Los habitantes del Aran ya habían criticado que las administraciones no habían dado suficiente información desde la liberación de los primeros ejemplares.

Tanto el Conselh Generau d’Aran como la Sociedad de Caza y Pesca del Aran pidieron, en el momento en que ocurrió el ataque, la retirada de todos los plantígrados. Con los años, los osos se han ido desplazando por una amplísima zona montañosa de la cordillera, hasta localizarse en dos focos, el occidental, que va desde el valle del Roncal (Navarra) hasta Sainte-Engrace en Francia y el núcleo central, que ocupa un área de 2.100 km comprendidos entre el Parque Nacional de Ordesa, la población francesa de Lourdes y Andorra.

Los tres primeros ejemplares que se liberaron entre 1996 y 1997 fueron Melba, Ziva y Pyros, a los que siguieron, en 2006, Pauloma, Franska, Hvala, Balou y Saraousse. Todos ellos se han reproducido y hoy se contabilizan hasta 25 individuos, 17 de los cuales se han avistado en el Parc Natural de l’Alt Pirineu, zona más propicia para su supervivencia. De los problemas que generó el oso con la ganadería, la apicultura y la caza durante los primeros años se ha pasado a vislumbrar un nicho de mercado: el turismo de observación de fauna salvaje. Un turismo que se desplaza al Pirineo para fotografiar a los osos y al resto de animales en una de las zonas más prolíficas en fauna del país. Un público que viene de muchos puntos de Europa y que, además, llega en una de las épocas de menor actividad, la primavera, cuando acabada la temporada de esquí el pirineo espera impaciente los meses de verano que traerán de nuevo a los turistas.

Ecoturismo frente a la reintroducción problemática
El síndic d’Aran, Carlos Barrera, que se ha mantenido en su postura contraria a la presencia del oso, asume que en estos momentos se está convirtiendo en un atractivo turístico. En Bossòst se inauguró, el pasado mes de abril, el Parc de Fauna Aran-Park en el que los visitantes pueden observar a los animales en su hábitat natural, incluído el oso. En el Pallars, también ha abierto sus puertas este verano la Casa de l’Ós a Isil, una iniciativa de Acció Natura y Fundación Oso Pardo que se presenta como el primer centro de interpretación dedicado al oso del Parc Natural del Alt Pirineu y que promueve el ecoturismo entorno al oso pardo.

Tras haberse convertido en una atracción más del Pirineo, Barrera denuncia que la Val d’Aran se ha visto obligada a regular el turismo de observación mediante los Serveis de Medi Ambient después de comprobar que “el auge de este turismo especializado estaba generando una actividad paralela y fraudulenta entre algunos empresarios o vecinos de la zona que ofrecían servicios de avistamiento previo pago de falsas entradas al valle a un alto precio para ver a los osos”. El síndic d’Aran explica que “el acceso al valle es gratuito y libre para todo el mundo que quiera visitarlo” y ejemplifica que últimamente se ha podido ver y fotografiar un oso en la carretera, a dos kilómetros del Port de la Bonaigua.

Por su parte, hoy, la Sociedad de Caza y Pesca del Aran también convive de forma sosegada con el oso pardo. El presidente de la entidad, que agrupa a más de 800 cazadores y pescadores, Cinto Cuny, arguye su reticencia inicial a la falta de sensibilización e información de las administraciones durante los primeros años y asegura que “habiendo convivido con tranquilidad, exceptuando el incidente con Hvala, el 80 por cien de los cazadores no está en contra de los osos en estos momentos”. Cuny explica que la actividad de la observación de fauna salvaje está atrayendo a un nuevo turismo bienvenido a la zona y puntualiza que “mientras no nos impidan, por alguna normativa, seguir con nuestra afición durante la época de caza, no mantendremos ninguna oposición”.

Ecologistas y animalistas, firmes con la reintroducción
Desde el lado opuesto, las entidades ecologistas y animalistas han defendido la reintroducción de una especie que ya había habitado la cordillera y que el hombre había exterminado. En una de sus últimas acciones, con la recogida de más de 13.000 firmas, pedían la liberación de dos ejemplares que vivían en un espacio insuficiente, dentro de un cercado situado en un aparcamiento de Artíes.

Marc Alonso es naturalista, vive en la Val d’Aran y es miembro de Depana. En primavera realiza el seguimiento de mayor intensidad de los osos del Pirineo. Claro defensor de la conservación y la protección de la especie, explica que el turismo de observación de fauna salvaje es muy respetuoso con el medio. Alonso asegura que en una época como la primavera, en la que la ocupación turística en la montaña es baja, esta actividad reporta grandes beneficios a la zona: “En estos momentos el conflicto de la presencia del oso está más normalizado, la polémica ha quedado en el pasado y se empieza a considerar como un encanto turístico que tanto en la Val d’Aran como en el Pallars se está sabiendo aprovechar para activar el turismo en época de baja ocupación”. “Es un turismo muy respetuoso porque en realidad es amante de la naturaleza que viene a observar la fauna en directo”, puntualiza Alonso.

Fotografiar a los osos, “un regalo”
Uno de los turistas que ha captado esta singular peculiaridad del Pirineo es Oriol Alamany, reconocido fotógrafo de fauna salvaje que durante la década de los 80 había trabajado como técnico en biología para la Generalitat de Catalunya recopilando datos de los últimos plantígrados del Pirineo catalán. Alamany explica que en el año 2010 los osos se empezaron a dejar ver y “éste fue un enorme regalo para los que fotografiamos la fauna”. Sus primeras imágenes las cedió a los medios que pudieron difundir cómo es la vida de los plantígrados en las montañas del Pirineo.

De su experiencia explica, aún emocionado, que poder captar al oso en su entorno fue un sueño hecho realidad: “La primera vez que vi un oso y que pudimos localizar el área en el que se movía, pudiendo incluso realizar series de fotografías, fue como un sueño. Verlo en Alaska y Canadá no fue tan increíble como divisarlo en nuestras montañas”. El fotógrafo y su mujer pasaron 12 días en su autocaravana, esperando en el punto que Marc Alonso les había indicado y consiguiendo, finalmente, algunas de las mejores fotografías que se han realizado de Nhèu y Noissete, en esos momentos dos jóvenes individuos que acababan de independizarse de Hvala, su madre.

Dos años más tarde, y con sus trabajos publicados en medios internacionales como National Geographic El oso pardo en los pirineos o Pyrénées Magazine L’Ours dans l’Objective, Alamany asegura que los habitantes del Pirineo que le acogen cuando realiza sus viajes a la Val d’Aran (hosteleros y araneses dedicados al turismo) han cambiado su concepción inicialmente negativa sobre el oso y que ahora, una gran mayoría lo ve como “algo único, que les pertenece y que pueden mostrarlo al mundo a través de los medios y de los fotógrafos que se interesan por la especie”.

Alamany es sólo un ejemplo de este nuevo turismo que atrae el Pirineo y la repoblación de una especie que a punto estuvo de desaparecer para siempre. Valientes que llegan de puntos lejanos para encontrar a los osos en su hábitat natural están enseñando a los habitantes del la zona que poseen una joya única a la que no hay que temer.

*Cecília López*

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