Diez asesinatos perpetrados en Lleida en el siglo XXI siguen sin resolverse

Isaac Martínez fue tiroteado a la salida de su párking en la calle Riu Ter del barrio de Cappont, en Lleida. Alfonso L. Congostrina.

Isaac Martínez fue tiroteado a la salida de su párking en la calle Riu Ter del barrio de Cappont, en Lleida. Alfonso L. Congostrina.

El crimen perfecto es aquél en el que nunca se encuentra el culpable y, en ese sentido, Lleida tiene, al menos, diez casos sin resolver desde el inicio del siglo XXI. El último, la muerte de un hombre en el número 20 de la avenida Catalunya, dejó el pasado mes de octubre al único imputado en libertad por falta de pruebas. Entre los expedientes de la lista de crímenes sin resolver hay cuatro especialmente destacados: el tiroteo de un joven mientras salía en coche de un parking -conocido como el crimen de Cappont-, los dos cuerpos descuartizados hallados en el pantano de Utxesa, la prostituta de las rotondas de Lleida o el asesinato del carnicero Mir.

El Fiscal Jefe de Lleida, Juan Francisco Boné, explica que en Lleida hay “un índice bajo de casos sin resolver” y que los Mossos d’Esquadra no cierran los casos, sino que “hacen un seguimiento permanente, incluso con mayor interés, e informan con regularidad de los avances en la investigación porque estos casos no prescriben”. Boné asegura que “pasado un tiempo el trabajo policial es más complicado y puede pasar a un segundo término ante temas del día a día que cobran mayor relevancia, pero los casos sin resolver nunca se abandonan”. Además, añade Boné, en Lleida hay casos más complejos, como los crímenes en los que las víctimas son trabajadores temporeros, que “por su anonimato cobran una especial dificultad en su resolución”.

El criminólogo y periodista de sucesos Alfonso L. Congostrina asegura que la estadística de homicidios en la demarcación de Lleida es de tres crímenes anuales, que por regla general “suelen resolverse, por la sencilla razón de que cuando alguien acaba con la vida de otro, tiene sus motivos para hacerlo y la policía tiene un hilo del que tirar”.

Según Congostrina, hay tres tipos de casos sin resolver: “Aquellos en los que la vinculación entre víctima y asesino es débil, por ejemplo homicidios de prostitutas de carretera en los que si una compañera de la víctima no ha apuntado la matrícula del cliente criminal es complicado resolver el caso”. Otros son aquellos en los que la investigación policial es incapaz de sacar a la luz el número de pruebas suficiente para incriminar al principal sospechoso. “Hay que tener en cuenta que el sistema judicial español permite al acusado mentir para defenderse y prioriza tener a un culpable en libertad a un inocente entre rejas, por lo que en algunas ocasiones los acusados tienen pocas pruebas en su contra”, puntualiza Congostrina. El tercer arquetipo, prosigue el criminólogo y periodista, es el sospechoso que consigue huir u ocultarse de la justicia: “Este tipo de sospechosos acaban bajando la guardia tarde o temprano y enfrentándose a un tribunal”.

El crimen del quiosquero de la Mariola
El 28 de junio de 2001 asesinaron a pocos metros de su casa a Jerónimo Fernández Gómez un popular quiosquero de bebidas del leridano barrio de la Mariola. Dos personas acabaron con la vida de Fernández tras propinarle decenas de puñaladas. Días más tarde fueron detenidos dos marroquíes acusados del crimen. Tras pasar cuatro meses privados de libertad, los resultados de las pruebas del ADN efectuadas les alejaron del caso y fueron puestos en libertad. Jamás se ha detenido a los responsables de la muerte del vendedor.

El crimen de la partida de Grenyana
El 15 de febrero de 2005 apareció un cadáver semienterrado en un discreto lugar de la partida de Grenyana, un barrio de l’Horta, a las afueras de la capital del Segrià. La víctima era un vecino de Lleida de etnia gitana cuyo cuerpo llevaba cerca de tres meses enterrado en aquel lugar. El fallecido murió a consecuencia de las heridas provocadas por una arma de fuego. En abril de 2007 los agentes practicaron las únicas detenciones relacionadas con el caso. Al cabo de unas horas quedaron en libertad. Se desconoce si el asesino sigue libre o si falleció meses después de haber perpetrado el crimen.

El crimen de Cappont
La mañana del 9 de noviembre de 2006, un encapuchado esperó a que Isaac Martínez saliera de un parking situado en la calle Riu Ter del barrio de Cappont. Martínez, que entonces tenía 26 años, salía conduciendo su vehículo, cuando un encapuchado vestido con un chaleco reflectante le propinó hasta cinco disparos. El asesino huyó corriendo sin que nadie pudiera distinguir su rostro.

Días más tarde, los Mossos d’Esquadra detuvieron al único imputado por la muerte de Martínez. Tras permanecer medio año en prisión preventiva, las autoridades judiciales le dejaron en libertad. Los análisis que la policía autonómica efectuó en la ropa del acusado aseguraban que tenía restos de plomo, antimonio y bario, lo que permitía afirmar que por lo menos había efectuado un disparo el día de los hechos. El acusado siempre dijo que esos agentes químicos en la ropa eran consecuencia de haber cambiado la batería de un coche, una coartada que tanto Policía Nacional como Guardia Civil validaron como posible en sus análisis. Las autoridades judiciales no tuvieron otra alternativa que dejarlo en libertad.

Los padres de Martínez siempre han creído en la culpabilidad de la persona que fue detenida. Sea inocente o culpable, lo único cierto es que el asesino de Isaac sigue libre siete años después. El Fiscal Jefe, Juan Francisco Boné, explica que este “es uno de los casos en los que la policía sigue trabajando con especial interés”.

El crimen de Aitona
Un anciano de 70 años y vecino de Aitona se dirigía el 18 de enero de 2009 a una finca de su propiedad cercana al vertedero municipal. Tras unos días de intenso frío, quería averiguar si sus colmenas habían sobrevivido a las heladas. Mientras se dirigía a la finca, localizó los rastros de lo que parecía un jabalí pero tras unos arbustos encontró el cuerpo inerte de un hombre con el rostro contra el suelo. Era el cadáver de un joven de origen magrebí que había fallecido a consecuencia de varios golpes en la cabeza. El cuerpo llevaba varios días en el lugar, por lo que se encontraba en un avanzado estado de putrefacción.

Tras iniciar una investigación, los agentes de los Mossos d’Esquadra consiguieron diseñar un retrato robot que desembocó en la detención de dos vecinos de l’Hospitalet de Llobregat y otros dos de Maials, acusados de estar implicados en el homicidio. Semanas después se fueron desvirtuando las acusaciones. Nadie permanece hoy en prisión acusado del crimen de Aitona.

El crimen del carnicero
El primer día del mes de agosto de 2009, cuatro encapuchados accedieron a la empresa Cárnicas Mir, situada en el número 105 de la partida de Rufea, distrito rural de l’Horta en las afueras de la capital del Segrià. El propietario escuchó un ruido extraño en su propiedad. Todo apunta a que Mir plantó cara a unos encapuchados que le dispararon. La mujer del empresario fue testigo de cómo se le escapaba la vida a su marido casi en el acto, mientras los encapuchados huían en un vehículo que apareció horas más tarde en un descampado.

En febrero de 2011, los Mossos d’Esquadra protagonizaron una detención de película por este crimen en los pasillos de los Juzgados de Lleida. Un joven se sentaba en el banquillo de los acusados por un asunto menor. En la puerta le esperaban los agentes, que mientras le colocaban las esposas le informaban que quedaba arrestado acusado del homicidio de Santiago Mir. El acusado siempre lo negó. Tras permanecer en prisión y ser juzgado en la Audiencia de Lleida, el tribunal aseguró que no tenía suficientes pruebas como para “desvirtuar la presunción de inocencia del acusado”. El asesino del carnicero, sea quien sea, sigue libre.

El crimen de la prostituta de las rotondas
El cuerpo sin vida de Daniela Gabriela Mihalcea apareció la madrugada del 9 de junio de 2011 a las puertas del instituto Joan Oró de la capital del Segrià. Alguien dio un golpe seco en la sien de la joven prostituta con un objeto contundente y acabó con su vida. Quizás su último cliente. Daniela llevaba un año y medio alquilando sus curvas en las rotondas de Lleida. Los agentes enseñaron varios retratos robots a compañeras de la joven y rápidamente dieron con el nombre del único sospechoso, un hombre de origen andaluz. Se encontraba en paradero desconocido y aún continúa en busca y captura. El crimen de Daniela Gabriela Mihalcea sigue impune.

El crimen de Cruz Mayenco
El 21 de junio de 2011, Rafael Cruz Mayenco fallecía tras ser apuñalado en el estómago al lado de su vivienda, en el municipio de Torre de Cabdella. Mayenco ya había sido condenado en 1985 por el homicidio de un hombre en la Pobla de Segur. Tras cumplir condena se trasladó a Torre de Cabdella junto a su familia y trabajaba como técnico de mantenimiento para el ayuntamiento.

Al iniciarse la investigación, fue cobrando fuerza la idea de que el autor de la puñalada se encontraba entre su círculo más cercano. La mujer y el hijastro de la víctima fueron detenidos y luego puestos en libertad. Ellos siempre mantuvieron no tener nada que ver con el crimen. La esposa, Elvira Silva Botana, aseguró tras declarar ante el juez de Tremp: “Mi hijo y yo no hemos hecho nada pero acabaremos comiéndonos el marrón”. Nadie ha quedado detenido, tampoco, por ese crimen.

El asesino de las dos cabezas
El primer fin de semana de julio de 2011, una persona alertó a los Mossos d’Esquadra de que en el pantano de Utxesa, dentro del término municipal de Torres de Segre, había una pierna humana flotando. Tras extraer la extremidad se peinó la zona, localizando varios kilómetros más arriba, en las compuertas del parque de la Mitjana de Lleida, la otra pierna y un brazo. Gracias a las huellas dactilares de la mano comprobaron que la víctima había sido fichada policialmente, lo que permitió a los agentes poder tirar de un fino hilo y orientar la investigación. El cadáver era el de un dominicano vecino de Lleida, de unos 50 años.

Los agentes realizaron entonces cuatro detenciones, entre las que se encontraban las de dos de las hermanas del principal sospechoso, un joven también dominicano con el sobrenombre de El Muñeco. Algunos de los detenidos aseguraron haber acompañado el 27 de junio de 2011 a El Muñeco hasta el aeropuerto del Prat. Durante ese trayecto, el sospechoso explico a sus familiares que el dominicano fallecido se había abalanzado sobre él con un cuchillo y que él se lo arrebató y le mató. Acto seguido, y en la casa que ambos habían ocupado en la calle Alfred Perenya de Lleida, el Muñeco descuartizó a su víctima con una sierra manual, llenó dos bolsas de plástico y dos maletas con las partes del cuerpo y las abandonó en el parque.

Posteriormente en el pantano aparecieron más restos de cuerpos, incluidas dos cabezas. Una de ellas era la de la víctima, pero los Mossos estaban seguros al 99% de que el Muñeco había perpetrado más de un crimen el mismo día y en el mismo lugar. Antes de que apareciera la primera pierna El Muñeco ya había abandonado el país y permanece en paradero desconocido.

El crimen de la avenida Catalunya
Un marroquí de 29 años perdía la vida, la madrugada del 5 de octubre de 2011, tras recibir un golpe en la cabeza en un piso del número 20 de la avenida Catalunya de Lleida. No tardaron en detener al principal acusado, quien confesó el crimen hasta en tres ocasiones. Sin embargo, el pasado mes de octubre se sentó en el banquillo de la Audiencia de Lleida ante un jurado popular y allí negó cualquier implicación con el crimen. El imputado aseguró ante el tribunal que se había confesado culpable de los hechos para “hacerse el hombre” pero que no tenía nada que ver con el homicidio.

El jurado popular lo absolvió tras considerar que no existían pruebas suficientes para imputar el crimen al acusado y que las declaraciones de los agentes de los Mossos d’Esquadra fueron contradictorias. El crimen de avenida Catalunya, tras su juicio, es un nuevo caso sin resolver por el que no se podrá volver a juzgar al anterior acusado aunque aparezcan nuevas pruebas.

Un caso resuelto 15 años más tarde
El criminólogo y periodista Alfonso L. Congostrina y el Fiscal Jefe de Lleida Juan Francisco Boné coinciden en que los casos pueden acabar resolviéndose aún pasados los años. Muestra de ello es la resolución tardía del asesinato de un temporero desconocido. El 12 de diciembre de 2008 la Audiencia de Lleida condenó a José María Gallardo Sánchez a 19 años de cárcel por haber asesinado a un temporero en Soses en agosto de 1993. El crimen de Gallardo permaneció oculto durante 15 años hasta que su ex mujer delató al criminal durante su proceso de separación. Cuando denunció a su marido por malos tratos en el juzgado almeriense de El Egido relató que su pareja había acabado, muchos años antes, con la vida de un temporero desconocido en el municipio de Soses. La ex mujer había mantenido el secreto, por miedo, más de una década.

El que parecía un caso más de la lista de asesinatos sin resolver acabó siendo la excepción de los crímenes perfectos perpetrados en Lleida. La detención no fue fruto de años de investigación, pero demostró que cualquiera de los casos podía, en un momento u otro, cerrarse al fin con el criminal entre rejas.

Cecília López

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