¿Qué hacen tres cazas de combate en un jardín de La Segarra?

Xavier M. es un peculiar vecino de Sant Pere dels Arquells que tiene expuestos al aire libre tres históricos aviones militares como si de una colección aérea se tratara. Pueden verse desde la calle e incluso desde google maps, tanto a través de la imagen de satélite como en el modo Street view, con imágenes de alta calidad. “Vivo en Barcelona y no paso mucho tiempo en Sant Pere, pero allí guardo mis piezas desde hace más de diez años”, explica.

La pequeña flota consta de tres cazas soviéticos Mikoyan-Gurevich, un MIG-15, otro MiG-21 y un MiG-23, todos con los colores de sus fuerzas aéreas, rusa, húngara y checoslovaca. Aunque ahora sólo quedan tres cazas, inicialmente hubo cuatro.

El MiG-15, fabricado por Mikoyán y Gurévich e introducido a partir de 1948, es el avión de reacción más fabricado en la Unión Soviética, con una producción de más de 15.000 unidades. Gracias a sus alas de flecha pudo superar a los cazas enemigos de alas rectas durante los combates diurnos. El modelo MiG-21, diseñado por Artiom Mikoyán, es uno de los reactores de combate más usados en la historia de la aviación militar con presencia en más de 50 países y protagonista en los conflictos árabe-israelí, la Guerra de Vietnam, la Guerra indo-pakistaní, la Guerra de Angola o la Guerra de Kargil. Hoy día, cincuenta años después de su introducción, sigue funcionando en algunas flotas militares. El MiG-23 es el primer caza capaz de identificar y atacar objetivos más allá de su alcance visual y fue fabricado por Mikoyán y Gurévich a partir de 1970 y estuvo en servicio en Rusia hasta 1994, aunque aún se utiliza en algunos países.

El dueño de la pequeña flota aérea evade cualquier tipo de pregunta sobre los aviones: “No me interesa hacer publicidad sobre el tema, ya que, aunque es de dominio público y se puede ver a través de Internet, no quiero que entre gente en la finca mientras no estoy”. Afirma, eso sí, que los vecinos de la zona “están encantados” con la colección que “ha dado renombre al pueblo” y que incluso algunos de ellos “tienen llaves del patio para poder ver los aviones”. En algunos foros ya no se conoce al municipio como Sant Pere dels Arquells, sino como Sant Pere de los Aviones. El coleccionista es reacio a hablar sobre su flota y esgrime que sólo lo hace para revistas muy especializadas del mundo de la aviación militar.

El alcalde de Ribera d’Ondara -que es el municipio al que pertenece Sant Pere dels Arquells-, Francesc Sabanes, corrobora que el propietario de las aeronaves no es muy conocido por los 58 vecinos de la localidad, pero que su colección atrae a muchos visitantes cada año, aficionados a la aviación y al coleccionismo militar. Además de curiosos, las naves despiertan también habladurías: “Cuentan, en el pueblo, que se trata de un hombre con poder adquisitivo que se dedica a la compra-venta de antigüedades militares”, comenta el alcalde. Sin embargo, el propietario desmiente estos rumores categóricamente: “Ni tengo un gran poder adquisitivo ni me dedico a la compra-venta de productos militares”.

Sabanes ratifica que los aviones llevan muchos años aparcados en Sant Pere y que “son espectaculares, tanto por su tamaño como por la cercanía desde la que se pueden observar y fotografiar”. Además, explica, “desde hace un mes, ha añadido un helicóptero a los tres aviones de la colección”. La nueva adquisición es un utilitario de tamaño medio, fabricado por Bell. Participó en la Guerra del Vietnam pero ahora le faltan las hélices.

Cómo transportarlos
Una de las preguntas más habituales sobre las tres aeronaves de combate de La Segarra es cómo llegaron hasta allí. Fueron adquiridas después de la desaparición de la URSS, pero su traslado y el papeleo que comportan cuestan de imaginar a los profanos en este tipo de antigüedades. El piloto deportivo Joan Salleras, que también adquirió un cazabombarderos Mig-15, da una pista importante: “Se compran como chatarra, que en realidad es lo que son porque están en mal estado; vienen desmontados y se vuelven a montar aquí”. Salleras restauró su MiG-15 y ahora lo tiene expuesto en los terrenos de su fábrica en Sant Gregori (Girona).

El propietario del MiG-15 de Girona desconoce los detalles de la vida útil que tuvo su caza, porque, sostiene, su pasión va más allá del valor histórico: “Sé que luchó en la Guerra de Corea en el año 52, pero para mí tiene más interés el hecho de tener un avión emblemático y que todo el mundo pueda visitarlo y fotografiarse con él”.

Turistas y concentraciones
Igual que muchos quieren visitar el avión de Salleras en Girona, la colección atrae a decenas de visitantes a Sant Pere dels Arquells. Paradójicamente, el Consell Comarcal de la Segarra no tiene constancia ni de los turistas, ni de la existencia de dichos aviones. La experiencia del ayuntamiento es muy diferente, en cambio. Francesc Sabanes relata que el consistorio atiende numerosas consultas sobre la localización de los aviones e “incluso se han llegado a hacer concentraciones de vehículos militares históricos que aprovechan para hacer rutas de montaña por la zona”.

El hecho de estar al aire libre ha ido deteriorando los aviones y las inclemencias del tiempo han contribuido a la oxidación de la chapa y de algunas piezas. Se da la circunstancia de que el jardín que hace de hangar está ubicado justo al lado de una iglesia románica, lo que sorprende a muchos de los curiosos que se acercan. El alcalde destaca que la iglesia, además, “está catalogada como patrimonio”, lo que causa un peculiar contraste en el paisaje del pueblo.

Por ahora el coleccionista no quiere desvelar cómo llegaron hasta La Segarra unos aparatos de más de 10 metros de largo y 3.000 kilos de peso, dónde los adquirió o como los trajo hasta España. Habrá que estar atentos a las publicaciones especializadas, donde quizá sí exponga algún dato interesante sobre su origen. Mientras, los más curiosos pueden disfrutar de las aeronaves por Google Street View y acudir a Sant Pere dels Arquells para verlos en directo.

Cecília López*

Leer en LaVanguardia

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