Àngel Ros reconoce que el Centro Histórico de Lleida “nunca será un barrio familiar” usual

Lleida dio, hace décadas, la espalda a su Centro Histórico. La ampliación de la ciudad con nuevos barrios más aptos y confortables para la vida familiar hizo que, como en muchas otras localidades, su centro se quedara con una población autóctona envejecida y unas callejuelas saturadas de edificios antiguos, la mayoría construidos con materiales pobres y con alquileres baratos que atrajeron a los recién llegados de otros países. La falta de atención, tanto de la ciudadanía como de la Administración, enquistó durante años una amalgama de problemas difíciles de combatir. La prostitución y la venta de drogas en la calle, junto a un alto índice de familias con problemas de exclusión social fueron alejando cada vez más los leridanos de su casco antiguo.

La semana pasada, con la reapertura del modernista Mercat del Pla como centro comercial y gastronómico, la curiosidad venció al miedo. Muchos de los que llevaban años sin pisar la parte alta del Centro Histórico llenaron las calles aledañas al mercado y se mezclaron con los que son, ahora, los nuevos habitantes del barrio. Una inusual mezcla. Vecinos y comerciantes están pletóricos con el impacto del Mercat en su primera semana de actividad. La transformación está en marcha.

Dos visiones contrapuestas Dos han sido los polos opuestos ante la nueva etapa del Centro Histórico de Lleida. Por un lado está la Plataforma per la Dignificació del Pla de l’Aigua, que de las tres entidades vecinales del Centro Histórico es sin duda la que más ha puesto el dedo en la llaga, durante los cinco últimos años, para hacer públicas las problemáticas del vecindario. Por otro lado, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Lleida, que ha intentado poner solución a algunas solicitudes de la entidad vecinal. LaVanguardia.com ha hablado con ambos.

La plataforma, contenta con su trabajo, con la buena comunicación con el consistorio y habiendo mostrado su apoyo al proyecto del Mercat del Pla, anuncia que previsiblemente disolverá la entidad, por falta de relevo, en verano cuando se celebre su última asamblea. El alcalde, Àngel Ros, confiesa que todavía queda trabajo por hacer y asegura que “el nuevo plan general priorizará de manera formal un Centro Histórico que ya está viviendo su recuperación”.

La lucha por un barrio digno y familiar Que el Centro Histórico sea “un barrio apto para la vida familiar” es una de las mayores reivindicaciones de la Plataforma del Pla de l’Aigua. Miquel Sabaté, miembro de la entidad, plantea el futuro del barrio como “un centro que tiene que conseguir ser más sostenible, capaz de atraer a familias”. Sin embargo, advierte que “para ello hará falta una escuela digna, supermercados y espacios verdes con zonas de juego”. Los leridanos consideran a la escuela del barrio, el colegio Cervantes, un gueto. Los vecinos del Centre Histórico tienden a desplazarse hasta los barrios vecinos porque el centro acoge casi en exclusiva a menores de familias en grave situación de pobreza y de exclusión social.

En este sentido, el alcalde de Lleida, Àngel Ros, reconoce que un cambio social tan hondo costará de alcanzar: “Por digno y magnífico que consiga ser el centro histórico, nunca será un barrio familiar como los demás”. “Las familias priorizan y ven más atractivos otros barrios como l’Horta, con campo y grandes espacios donde los niños puedan hacer vida al aire libre”, asume, y puntualiza que “no hay suficientes familias con suficientes niños para hacer otra escuela o un instituto en el centro histórico”. “Pero la educación está garantizada, aunque sea en los barrios aledaños y no a diez metros de casa”, añade.

Disminuyen la prostitución, la venta de drogas y el incivismo Otros de los problemas que ha venido denunciando la Plataforma del Pla de l’Aigua son la prostitución, la venta de drogas y el incivismo en la calle. Sobre estos temas, el presidente de la entidad vecinal, Txema Muñoz, recuerda que “a pesar de haber registrado un importante descenso en estas actividades, el problema sigue existiendo en algunas de las calles del centro”.

Ros, en cambio, asegura que “según los datos de la Junta de Seguridad Local, la oferta de servicios sexuales a pie de calle se redujo un 90% en 2013 y la lucha contra la venta de drogas es ahora un asunto estrictamente policial”. “En la lucha contra la prostitución empezamos a tener experiencia, unas 50 mujeres han asistido ya a los programas de rehabilitación para la integración al mundo laboral”, añade el alcalde.

El Mercat del Pla, clave para la transformación La recuperación de un edificio modernista emblemático como el Mercat del Pla con un proyecto innovador para la ciudad y no solamente para el barrio, es, según todas las partes -vecinos, comercios y consistorio-, el revulsivo que puede marcar un antes y un después en la configuración del barrio y en la concepción que los leridanos tienen del mismo.

Los miembros de la Plataforma han defendido desde el principio el proyecto, pero quieren recordar al consistorio que “no será la única actuación necesaria para la recuperación del Centro Histórico”. Según el alcalde: “La transformación del barrio empezó hace años y se ha vivido en cuatro grandes fases -urbanística, residencial, cultural y comercial-, siendo la reapertura del Mercat el desencadenante del desarrollo comercial. El nuevo plan general priorizará el Centro Histórico y planificará operaciones urbanísticas que contemplarán de manera formal nuevos viales y la recuperación de muchos otros espacios”.

Ahora que la entidad vecinal plantea disolverse, el alcalde valora positivamente su tarea. Ellos también reconocen tener muy buena comunicación con el consistorio. Aún así, algunas de sus demandas históricas pueden quedar en el aire. Por ejemplo, que un mini autobús conecte a nivel turístico el centro con otras zonas de la ciudad, que haya más educadores de calle para fomentar el civismo o que se haga una concentración parcelaria que permita construir viviendas de 3 y 4 habitaciones para familias. Dentro del cajón pueden quedar, si no hay relevo en la entidad, propuestas como que las Festes de la Tardor tengan algún acto en el centro o que se construya un albergue de 30 o 40 plazas en la Plaça del Dipòsit, para atraer un turismo familiar y ‘de mochila’ que complemente el del futuro Parador Nacional.

El alcalde revela que su rincón favorito del barrio es la Plaça de l’Ereta. La intentó recuperar como punto de exposiciones de artes plásticas pero no lo consiguió: “Soy muy tozudo, y lo intentaré de nuevo. La plaza volverá a ser un mercado de arte los fines de semana”. El rincón favorito de Sabaté y Muñoz está, tan solo, a unos metros de l’Ereta: la Plaça del Dipòsit. Desde allí los miembros de la todavía Plataforma per la Dignificació del Pla de l’Aigua seguirán trabajando, eso sí, a partir de ahora de una forma más sosegada, esperando poder disfrutar del nuevo barrio por el que han luchado durante cinco largos años. Ros todavía tiene mucho que aportar al Centro Histórico.

Cecília López

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