Análisis: Prostitución en las calles del Centro Histórico de Lleida

Jennifer sentada en un portal del Centro Histórico de Lleida. Cecília López

Jennifer sentada en un portal del Centro Histórico de Lleida. Cecília López

La Paeria suaviza la ordenanza sobre prostitución en la calle

La Paeria ha modificado la normativa de civismo a petición de entidades sociales y tras la aprobación del Acuerdo de Lucha Contra la Pobreza | Una treintena de jóvenes consiguieron dejar la prostitución en 2013 gracias a Antisida Lleida, que ha logrado la reinserción laboral de 72 chicas desde 2010

Las calles del Centro Histórico de Lleida lidian desde hace años con el problema de la prostitución en la vía pública. La actividad se concentra en la parte alta del casco antiguo, cerca del colegio Cervantes. Es un tipo de prostitución discreta en el que las mujeres, en su mayoría extranjeras, permanecen sentadas en los portales de los pisos en los que ofrecen los servicios sexuales. No llevan tacones altos ni lucen escotes o minifaldas. Sencillamente pasan horas en la calle o aguardan desde los balcones, la llegada de los clientes. El Ayuntamiento aprobó en febrero de 2009 una ordenanza de civismo para regular la actividad en la calle que preveía multas de entre 300 y 3.000 euros para prostitutas y clientes. Sin embargo, hace pocos días, a raíz de la aprobación en el Parlament de Catalunya del Acuerdo de Lucha Contra la Pobreza, la Paeria ha modificado la ordenanza de civismo, instada por entidades sociales como Antisida Lleida.

Precisamente esta entidad coordina un programa de asistencia integral que, junto a una comisión en la que hay implicados varios agentes socio-laborales, ha conseguido sacar de la prostitución a 72 jóvenes desde 2010. Sólo en 2013 logró que 32 mujeres dejaran el trabajo sexual para aprender un oficio y encontrar un empleo.

Jennifer, así asegura llamarse a pesar de que cada vecino la conoce por un nombre distinto, pasa horas sentada en un portal de la calle de la Palma. Siempre bien maquillada, espera, con el teléfono en la mano, que el próximo cliente aparezca y solicite un servicio. Es guapa, debe rondar la treintena y es la única entre sus compañeras africanas que siempre sonríe. Apenas habla español pero acostumbra a saludar efusivamente a los niños que van en carrito.

La calle Caldererías está presidida por el bloque de las cortinas rojas. Detrás de las telas, tres mujeres se exponen, una por piso y balcón, junto al bullicio del Eix Comercial. Se trata de algunas de las chicas que ejercían la prostitución en 2011 en la calle Cavallers y que después de algún altercado entre ellas y de las quejas de vecinos y comerciantes al Ayuntamiento, acabaron trasladándose al bloque.

Cambio en la ordenanza de civismo
Durante los últimos cinco años se ha mantenido en vigor una ordenanza de civismo que prohibía y sancionaba la prostitución en la ciudad de Lleida. Un estudio publicado en noviembre de 2013 por las profesoras de Derecho Penal de Universitat de Lleida y la Universitat Rovira i Virgili, Carolina Villacampa y Núria Torres, concluía que las ordenanzas de civismo, entre ellas la de Lleida, tienen una escasa efectividad y, a la vez, penalizan y criminalizan la pobreza porque causan una precarización y victimización de las trabajadoras sexuales.

Según ha confirmado el Ayuntamiento de Lleida a LaVanguardia.com, “la prohibición de ejercer la prostitución en la calle continúa vigente pero se priorizará y se hará exclusivamente una derivación de las denuncias a los servicios sociales cuando se detecte el ejercicio de esta actividad en la vía pública”. La segunda teniente de alcalde y concejal de Benestar Social, Montse Mínguez, asegura que “esta medida está especialmente destinada a evitar la actividad cerca de centros escolares” a la vez que “trata de no incrementar la situación de precariedad de estas mujeres, cubrir sus necesidades sociales y ofrecerles herramientas de reinserción laboral para salir de la prostitución”.

A pesar de estos cambios en la política municipal frente a la actividad, Paeria advierte que “la modificación de la ordenanza no quita que los cuerpos de seguridad hayan de investigar y realizar un seguimiento de estas actividades que pueden estar vinculadas, a veces, a hechos delictivos”.

Desarticulados varios casos de trata de personas en Lleida
El problema, más allá del ofrecimiento de servicios sexuales en las calles de Lleida, es la trata de personas. Este año se han destapado varios casos de tráfico de chicas de nacionalidad nigeriana, que son explotadas sexualmente en la demarcación. La Policía Nacional desarticuló el pasado mes de enero una organización dedicada a la introducción ilegal de mujeres nigerianas, para su explotación sexual en Madrid y Lleida, que permitió liberar a dos víctimas, una de ellas menor. A mediados de abril, un medio local de la demarcación leridana se hacía eco de otra operación policial en la calle Companyia de Lleida contra una red de proxenetas que prostituía a menores nigerianas en las calles de la capital del Segrià.

La coordinadora de la Asociación Antisida de Lleida, Anna Rafel, explica que a pesar de que estas mafias son muy difíciles de detectar, la realidad de la prostitución en las calles de Lleida está repleta de casos en los que las mujeres no ejercen la prostitución en libertad ni por propia voluntad. “En su mayoría han viajado desde África buscando una vida mejor y una forma de ayudar económicamente a sus familias, pero una vez aquí se encuentran en una situación de pobreza y, a causa del miedo o porque están bajo la vigilancia de alguien, difícilmente se fían de las instituciones o de la policía”.

Un proyecto de reinserción que da fruto
La Asociación Antisida de Lleida hace 16 años que atiende a las trabajadoras del sexo en la demarcación. Empezó a andar con el proyecto Risc Zero, ofreciendo materiales (condones, lubricantes y pruebas del VIH), información y estrategias para llevar a cabo conductas lo más seguras posibles. Esta tarea que la entidad ha mantenido a lo largo de más de una década es un servicio directo que realiza tanto en su sede como en visitas regulares de voluntarias a pisos y clubes. La entidad también ofrece un servicio de atención de salud sexual y ginecología en el Hospital Arnau de Vilanova, donde derivan “posibles infecciones o contagios”.

“Las chicas tienen información errónea en cuanto a higiene y prevención. A menudo creen que sólo es necesario usar protección para trabajar, por eso hacemos una tarea de prevención afectivo-sexual, para incorporar los hábitos de protección en las relaciones de pareja y evitar la rueda que perpetúa los riesgos”, explica la coordinadora Anna Rafel.

Además, desde la implementación de la ordenanza de civismo y de la creación de una comisión -en la que participan los servicios sociales, el plan local de inclusión, el Instituto Municipal de Ocupación, los distintos cuerpos policiales, la Subdelegación del Gobierno, sindicatos o el Institut Català de la Dona, entre otros-, Antisida incorporó el Punt d’Atenció Únic, que completa el proyecto Risc Zero y que pretende ofrecer un plan integral de ayuda a las trabajadoras que necesitan asistencia social y laboral.

Rafel asegura que “las chicas acuden a la entidad atraídas por el reparto de preservativos y lubricantes y acaban como usuarias, conociendo el resto de servicios”. En este sentido, Marta Melgosa, psicóloga y técnica de Antisida, añade que “las chicas que manifiestan querer dejar el trabajo sexual, se incorporan al plan de atención integral”. Durante el 2013 la entidad atendió a 527 prostitutas, de las cuales 32 consiguieron abandonar la calle con un nuevo empleo. Desde la apertura del plan, en 2010, hasta 72 chicas han conseguido dejar la prostitución a través de los servicios de reorientación e inserción laboral.

No es una tarea sencilla ya que, como cuenta Melgosa, “el perfil de formación de las chicas es normalmente bajo o muy bajo, incluso hay analfabetismo, pero intentamos que en estos casos puedan acceder también a formación”. “Casi siempre acceden a empleos temporales de baja calificación y a pesar de que encuentran fácilmente trabajo en la recogida de la fruta durante los meses de verano, el resto del año es más difícil conseguir otras oportunidades”, añade Melgosa.

Las otras caras de la prostitución
La profesora de Derecho Penal de la UdL, Carlina Villacampa, explica que durante la realización del estudio sobre las ordenanzas de civismo, ella y su compañera Núria Torres detectaron que en las calles de Lleida las chicas que ejercen la prostitución mayoritariamente lo hacían en situaciones muy precarias, contactando con los clientes en la vía pública pero ofreciendo los servicios en los inmuebles. “A pesar de que el objeto del estudio no era el análisis de los perfiles de las trabajadoras, de los cuestionarios se desprende que se trata de cabezas de familia monoparentales, con hijos a su cargo y con un nivel de estudios bajo o muy bajo”. Además, según Villacampa: “Fue fácil conocer sus circunstancias vitales de ejercicio propiamente de la actividad, pero las conexiones con otras personas, la pertenencia a una red o si tienen proxeneta, no es algo que verbalicen con facilidad”.

Más allá de las calles del centro en las que las chicas ofrecen sus cuerpos a precios bajísimos -que oscilan entre los 5 y los 20 euros por servicio-, las 527 usuarias de Antisida se reparten también en pisos y clubes. En estos otros casos y lejos de las condiciones de la calle, según defiende la presidenta de la Asociación Aprosex, Paula Vip, “las chicas ejercen la prostitución porque quieren y los precios nada tienen que ver con la situación precaria de las chicas sometidas a las redes de trata”. Paula Vip, conocida por organizar cursos de profesionalización del sexo, asegura: “A raíz de la crisis muchas personas se han sumado al trabajo sexual y les enseñamos no sólo cómo ser buena profesional sino también cómo defender sus derechos a pesar de que a nivel fiscal aún se nos tiene que reconocer los mismos derechos laborales que a cualquier otro trabajador”. En el caso de la prostitución en la calle, en caso que se ejerza por voluntad propia, reclama “que los gobiernos se sienten a hablar y a negociar con nosotras para pactar horarios y zonas en las que poder trabajar sin ningún tipo de penalización”.

El triángulo de la prostitución en el Centro Histórico
La apertura del remodelado Mercat del Pla y el plan de dinamización del barrio preveían barrer de las calles a muchas de las jóvenes que, no sólo no se han ido del barrio, sino que ahora conviven con la nueva actividad comercial. Tanto es así que la máxima concentración de chicas ofreciendo sus servicios en la calle se localiza en el triángulo de callejuelas entre las calles Cavallers y Sant Andreu, justo debajo de la colina de la Seu Vella, con una mayor concentración en las calles Companyia y Gairoles. Este punto es especialmente delicado por la cercanía a los accesos de los dos edificios del colegio Cervantes, donde la oferta sexual continúa a diario, delante de los escolares. Otras chicas, en su mayoría también africanas, trabajan en las calles y los solares aledaños a la plaza del Dipòsit.

Las jóvenes de las calles Companyía y Gairoles suelen sacar sus sillas al sol y pasan las horas peinándose entre ellas y haciéndose las típicas trenzas africanas. Desde los balcones que dan a los solares de la franquicia Desigual y los bares pop-up rotatorios del Mercat del Pla, las más veteranas silban a clientes habituales para que éstos no se paren con ninguna otra chica. Un africano cargado con dos maletones enseña a las muchachas ropa arrugada que se prueban en plena calle, mientras ríen y deciden si comprar uno u otro vestido.

Jennifer explica que es nigeriana y que está sola en Lleida. Echa de menos a los suyos, que hace más de un año que no ve. Asegura que pronto podrá viajar a su país para visitar a su familia. Todos los días de este año han sido para ella una verdadera rutina. Inamovible, pasa las horas sentada en el portal del inmueble en el que ejerce, con su sonrisa y su teléfono en la mano, rompiendo la monotonía gracias a los saludos que envía a los niños que pasean en cochecito junto a sus madres.

Cecília López Martínez

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