Cae en picado el número de trabajadores fronterizos entre La Seu d’Urgell y Andorra

Los trabajadores fronterizos o transfronterizos cruzan cada día la frontera para acudir a sus empleos en Andorra. Foto: ATFA

Los trabajadores fronterizos o transfronterizos cruzan cada día la frontera para acudir a sus empleos en Andorra. Foto: ATFA

En las zonas fronterizas, principalmente entre los estados miembros de la Unión Europea, vivir entre un país y otro es relativamente normal. Ir de compras a un lado de la frontera, trabajar en otro, acudir al médico o llevar a los niños a la escuela en el lugar que mejor convenga es algo muy frecuente desde la desaparición de los controles fronterizos.  El Pirineo catalán es un ejemplo de esta vida entre fronteras que discurre entre tres países, los dos comunitarios, Francia y España y el pequeño Principat d’Andorra. Vivir y trabajar en diferentes países de la Unión Europea acarrea ciertos problemas, hacer lo mismo en estados no comunitarios, como Andorra, es mucho más complejo.

Los habitantes de municipios como La Seu d’Urgell o Puigcerdà están acostumbrados a tener un pie en cada lado de la frontera, pero a raíz de la crisis los trabajadores transfronterizos han sufrido un descenso en picado, sobre todo entre la zona del Alt Urgell y Andorra. La Seu es la localidad que acoge a más trabajadores andorranos. Viven en la capital del Alt Urgell pero se desplazan cada día para trabajar al país vecino.

El cupo de permisos para mano de obra fronteriza que marca el Govern d’Andorra y la crisis ha dejado a centenares de trabajadores españoles sin empleo y sin prestaciones o ayudas por parte de ninguno de los dos gobiernos. Estos parados se encuentran en la situación de no haber cotizado en España y por tanto no tener derecho a las ayudas por desempleo. Las ayudas andorranas se excluyen a este colectivo siendo beneficiarios sólo los residentes.

Hace dos años que la Asociación de Trabajadores Fronterizos de Andorra (ATFA) no renueva sus papeles. Su última presidenta, Rosa Badalamenti explica que la entidad “ya no tiene razón de existir”. Como asegura Badalamenti, hace seis años la entidad contabilizaba unos 2500 trabajadores fronterizos, pero en la actualidad no pasan de los 1500. “Desde que empezó la crisis entendimos que no íbamos a conseguir ninguna mejora para el colectivo, nuestro gran logro fue obtener la tarjeta sanitaria para nosotros y para nuestros hijos ya que no teníamos cobertura en ninguno de los dos estados”. Badalamenti apunta que “Andorra quiere agotar el cupo de permisos para trabajadores transfronterizos”. La Vanguardia.com  se ha puesto en contacto con el Govern d’Andorra y su Ministerio de Justicia e Interior se ha negado  a facilitar los datos del número total de permisos para trabajadores fronterizos  que hay concedidos en la actualidad.

Los tres permisos para trabajar en Andorra

Existen tres formas de poder trabajar en Andorra siendo extranjero. Con permiso de residencia y trabajo, con permiso de trabajo temporal (muy usual en empresas relacionadas con la temporada de nieve y esquí) o con permiso transfronterizo.

El régimen transfronterizo obliga a los trabajadores que perciben un salario en Andorra a tributar en España, hacer la declaración de la renta y pagar los impuestos: “No tenemos contraprestaciones y cada año nos toca pagar casi una mensualidad en la declaración de la renta”, asegura Badalamenti. “Una madre trabajadora, por ejemplo, no tienen derecho a percibir los 100 euros de ayuda a la maternidad como dentro del territorio español”, ejemplifica la última presidenta de ATFA.  “Nos sentimos perseguidos, la mayor parte de los fronterizos somos gente normal con salarios normales, que salimos a las ocho menos cuarto para cruzar la frontera y volvemos a casa pasadas las seis de la tarde”, afirma Badalamenti.

Trabajadores transfronterizos cruzan a diario la aduana

Emilio Narváez es ahora trabajador fronterizo. Nacido en Sabadell trabajó con permiso de residencia y empleo en Andorra durante varios años hasta 2011. Durante esa primera etapa laboral decidió cambiar de residencia y pocos meses antes de casarse se estableció en La Seu d’Urgell, “buscando una mejor calidad de vida”. Ahora trabaja como Social Media Manager para AndorraQShop, del grupo andorrano Quarz, lo que le obliga a cruzar la frontera dos veces al día de lunes a viernes. Su mujer, Esther Gómez, originaria de Puertollano, es chef en un hotel en Bescaran, en la parte catalana. Narváez explica que ahora es más sencillo encontrar pisos y alquileres en Andorra porque “se han marchado unas 10.000 personas en los últimos años, afectados por la crisis, pero a pesar de ello, vivir en La Seu d’Urgell es más económico y más tranquilo”.

Jordi Salazar es periodista en el Diari d’Andorra y ha vivido siempre en La Seu d’Urgell, donde reside también toda su familia. Después de trabajar en medios locales de su localidad, Andorra le dio, en 2006, la oportunidad de trabajar en un medio de comunicación nacional. Su opción más viable ha sido, como en el caso de Emilio y Rosa, acogerse al régimen de trabajador transfronterizo. Reconoce que “hace más vida en La Seu que en Andorra, a pesar de las horas que dedico al trabajo” y afirma que durante los dos últimos años las condiciones de los fronterizos han mejorado a raíz de conseguir reconocimiento sanitario y de la mejora en las carreteras y en el paso en la frontera “se ha habilitado un carril verde para los que entramos y salimos de Andorra sin compras ni necesidad de declarar nada en la frontera, y se han reducido los tiempos en la carretera”.

Desde el Consorci d’Atenció a les Persones de l’Alt Urgell confirman que en los últimos meses han recibido un incremento de solicitudes de ayuda e información por parte de ex trabajadores fronterizos que al quedarse sin empleo se han visto en una situación de desprotección por la falta de ayudas.

Según el alcalde de la Seu d’Urgell, Albert Batalla: “Una parte significativa del 13% de paro que contabiliza la Oficina de Ocupación de Catalunya en La Seu d’Urgell es gente que trabajaba en Andorra”. Batalla explica que desde el consistorio se están desarrollando políticas de formación y ocupación para desempleados de las que también puedan beneficiarse este colectivo “al que hemos sido siempre muy sensibles por su particularidad de trabajadores fronterizos en un estado no comunitario”, matiza Batalla.

Con la asociación de fronterizos apagada y el cupo de permisos bajo mínimos, el escaso 4% del total de la masa trabajadora transfronteriza andorrana ha dejado de reclamar derechos a ambos estados y se mantiene en la cuerda floja con un pie en cada estado.

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El caso de la Cerdanya, en territorio francés y catalán

En Puigcerdà, justo donde lindan Catalunya y Francia hace años que se eliminaron los controles de aduana y el paso entre un estado y otro es mucho más sencillo a pesar de los rutinarios controles policiales cerca de la frontera. Pocos metros y un puente sobre el río Raür separan la capital de la Cerdanya y el primer municipio francés, Bourg-Madame. Muy acostumbrados a convivir franceses y españoles, empresas y administraciones han ido creando lazos y firmando acuerdos de colaboración. Un claro ejemplo es el Hospital Transfronterer de Puigcerdà, al que podrán acudir ciudadanos de ambos países.

En los años noventa, cuando se contaba en pesetas y francos, muchos franceses cruzaban la frontera para comprar en los supermercados españoles porque, al cambio, salía más barato comprar en la parte catalana. Con el boom turístico de la comarca, el auge de las segundas residencia de alto estanding y los precios de la burbuja inmobiliaria, se giraron las tornas y muchos ceretanos, que no veían la posibilidad de adquirir una vivienda por los altos precios, decidieron comprar o construir sus casas en territorio francés. Marisa Gonzalez y Lluis Tebe hace 25 años que viven en Bourg-Madame: “Entonces una casa de 100 metros cuadrados valía lo mismo que un piso pequeño en Puigcerdà”, explica Lluís Tebe. En 1997 abrieron las puertas del que hoy es uno de los más reconocidos restaurantes de Puigcerdà, el Caliu, ubicado en la plaza del Ayuntamiento, cerca del mirador a la Cerdanya. “En nuestra urbanización apenas viven franceses, todos hemos cruzado la frontera por el precio de la vivienda” explica Tebe, que desde hace años pasa de un país a otro cada día varias veces.

Cecília López. Periodista

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