La Seu Vella de Lleida, ¿nuevo Patrimonio de la Humanidad?

Las iglesias románicas de la Vall de Boí consiguieron, en el año 2000, el sello UNESCO de Patrimonio de la Humanidad. Dos años antes, en 1998, la Roca de los Moros de El Cogul, las grutas de Antona en Artesa de Segre, las Rocas Guardias de Les Borges Blanques o Els Vilars d’Ós de Balaguer, entre otras manifestaciones rupestres de la demarcación leridana, lograron el mismo distintivo. Estas iniciativas de éxito han despertado en gran parte de Catalunya, pero sobre todo en Ponent, la necesidad de reconocer con el mismo sello el valor artístico, arquitectónico e histórico del Turó de la Seu Vella de Lleida.

Todos los caminos que llegan a la capital del Segrià chocan con el imponente campanario de la Seu. Una obra que fue proyectada por Pere de Coma como un templo con planta basilical de cruz latina con tres naves y cinco ábsides. Un monumento imponente que resiste el paso del tiempo y que este año está siendo restaurado. La primera piedra de la catedral fue colocada en el año 1203. La cúpula fue el último elemento en edificarse y a comienzos también del siglo XIII se iniciaron las obras de la canónica. A finales del mismo siglo se inició la construcción del claustro, que terminó ya en el siglo XIV, junto con la fachada gótica de los Apóstoles y las principales capillas de la iglesia. El campanario, con una altura de sesenta metros, fue erigido entre la segunda mitad del siglo XIV y el primer tercio del siglo XV.

Pero el Turó no es sólo la Seu, la majestuosidad del monumento es comparable a algunos de los que ya son Patrimonio de la Humanidad en otros puntos de Catalunya, como el Monestir de Poblet, el Hospital de Sant Pau, las obras de Antoni Gaudí o el conjunto arqueológico de Tarraco. El camino para conseguir el distintivo es largo pero Lleida lo tiene muy claro: el Turó de la Seu Vella merece ser Patrimonio de la Humanidad. Comienza la andadura.

Todos a una
Técnicos municipales y expertos en el monumento destacan la importancia de valorar el Turó de la Seu Vella como un conjunto monumental con todos sus elementos y no solamente la catedral de forma aislada como se había considerado hasta hace poco. El Turó, para aquellos que nunca hayan visitado la ciudad, está formado por la catedral, el claustro, la canónica y el campanario por una parte, la Suda o el Castillo del Rey por otra. A esos elementos principales debe sumarse el recinto fortificado que rodea la colina y, finalmente, los restos arqueológicos que forman la muralla romana, los silos medievales, los pozos de hielo, la fachada canónica y la calle medieval.

La catedral es la joya de la corona pero no menos importante es el Castillo del Rey que recibe el nombre de La Suda en honor a la fortaleza andalusí construida durante el siglo IX en el lugar que hoy ocupa el palacio donde residía el monarca en sus estancias en Lleida. Un edificio que se fue construyendo en diferentes etapas entre finales del siglo XIII y XIV. Por ese motivo, conviven en el edificio y en sus restos tanto formas románicas como góticas.

La Suda es testimonio de grandes acontecimientos de la historia catalana. Fue un importante centro de decisión política en la antigua Corona de Aragón. Entre sus muros se celebró el enlace matrimonial entre Peronella d’Aragó y Ramon Berenguer IV, conde de Barcelona, en el año 1150; el reconocimiento de Jaume I como rey en las Cortes de 1214, o el encarcelamiento del príncipe Carles de Viana por su propio padre, Joan II, en el año 1460. La parte conservada corresponde a la nave sureste, la más antigua del conjunto y justo en su terraza se ha construido uno de los mejores miradores de la plana de Lleida. Un buen lugar donde muchos leridanos sueñan poder celebrar otros grandes hitos históricos.

Quizás el próximo gran acontecimiento que resuene entre las paredes de La Suda sea la proclamación del Turó como Patrimonio de la Humanidad. El título, más allá del distintivo, forma parte de un programa supragubernamental que pretende catalogar, preservar y dar a conocer los puntos de importancia cultural o natural para la herencia de la humanidad. La competencia para alcanzar el sello es tal que durante los últimos años la UNESCO ha endurecido los criterios de selección. Ahora para ser incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad el monumento debe demostrar que ostenta un valor universal excepcional. Son muchos los que consideran al Turó portador de ese valor y están dispuestos a demostrarlo ante la Unesco.

Ros, al frente
Uno de ellos es el alcalde de Lleida y presidente del consejo general del Consorci del Turó de la Seu Vella, Ángel Ros. El edil cree muy factible que la candidatura del conjunto monumental leridano consiga el reconocimiento de la UNESCO y explica que el Turó es el primer destino turístico de la ciudad con 100.000 visitantes cada año. Ros destaca la gran inversión que se ha dedicado y que se dedicará al monumento para su rehabilitación y mantenimiento y critica que “si la Seu Vella estuviera en Barcelona, ya sería, desde hace tiempo, Patrimonio de la Humanidad”. El alcalde de Lleida, además, asegura que antes de finalizar este año se podrá presentar el informe a la Generalitat para que pueda superar los trámites y filtros hasta llegar a la UNESCO.

Por su parte, Josep Tort, director del Consorci del Turó de la Seu Vella, se muestra prudente frente al fervor unánime que considera que será fácil conseguir el sello: “Hay que ser muy conscientes de que el trabajo previo para alcanzar todos los requisitos es un proceso arduo”. Tort puntualiza que “el nivel de exigencia es cada vez mayor y aunque estamos muy seguros del valor arquitectónico del monumento y del valor inmaterial del conjunto, hay que ser muy puntillosos en la elaboración de los trámites”.

El director reflexiona los pros y contras mientras pasea por la zona a la que los leridanos guardan más cariño: el claustro. El claustro gótico, incomparable por sus grandes dimensiones y por encontrase situado a los pies de la catedral y ser un espacio totalmente abierto, ejercía de atrio y de lugar de reunión social en una época en que la universidad era un punto de referencia para la Corona. Tort explica que “aunque pudiera parecer un mirador, el claustro con sus enormes ventanales y reforzado por el fastuoso campanario, fue pensado para ser visto desde lejos, fortaleciendo la idea de fachada y elemento distintivo”.

A esta imagen debe añadirse el recinto fortificado que delimita todo el cerro. Un recinto que presume con sus baluartes de defensa, las murallas y túneles que han sobrevivido a los diferentes conflictos bélicos. El mismo recinto resguarda también otros valores importantísimos del conjunto, como los restos de la muralla romana, los silos medievales o los pozos de hielo.

Todo lo que representa el Turó acabará en varias hojas de papel que a modo de informe se entregarán a la Generalitat. La administración catalana será el primer filtro receptor de candidaturas catalanas y pasado este escollo el dossier llegaría al Estado, quien debe elegir y presentar una sola candidatura para todo el territorio español. Josep Tort explica que una de las mayores dificultades con las que puede encontrase la Seu Vella de Lleida es que a nivel europeo, España, Italia y Francia son los países con más patrimonio reconocido por la UNESCO y “en estos momentos la preocupación se centra en aquellos lugares en los que por culpa de las circunstancias políticas los bienes están en peligro y por tanto existe el deber de protegerlos, pasando por delante de aquellos que aún con gran valor se tiene la certeza de que se preservarán”.

Expertos avalan el proceso y la calidad del Turó
La secretaria técnica de la Càtedra UNESCO de la Universitat de Lleida, miembro del comité de expertos que realizará el informe sobre el Turó de la Seu Vella, Carmen Bellet, explica que el proceso para lograr el sello distintivo de Patrimonio de la Humanidad es largo y complejo, pero “merece la pena dedicarle todos los esfuerzos, ya que incluso si no saliera favorable la candidatura la ilusión serviría para revalorizar el patrimonio ante la ciudadanía”.

Una ciudadanía que cada vez se adentra más en la arquitectura del siglo XIII, que es uno de los grandes valores del conjunto. Los muros son un claro ejemplo del paso del románico al gótico y en muchos elementos se evidencia la evolución de una época a la otra, destacando, por ejemplo, la obra escultórica muy ejemplar de la creación en esta etapa a nivel europeo. El templo, que gozó de su máximo esplendor hasta el siglo XV, sufrió el declive y el desgaste de las diversas contiendas militares. Durante la Guerra de Els Segadors (1640) al conjunto se le daría uso de hospital y de almacén de armas. Más tarde, en la Guerra de Sucesión, la iglesia se cerró al culto por orden de Felipe V y poco después pasaría a ser un cuartel militar. Con la guerra de la Independencia, en 1810, llegaron nuevas pérdidas y mutilaciones y, pese a que fue declarada monumento histórico en 1918, la catedral se convirtió en un campo de concentración durante la Guerra Civil y en un cuartel franquista hasta el año 1948.

El Director del Consorci, Josep Tort, asegura que se está trabajando para lograr que los valores inmateriales del monumento se afiancen y ayuden a elaborar el discurso que convencerá del gran valor de la Seu Vella: “Tenemos la voluntad de transformar la Seu en un monumento que simbolice los valores de la cultura de la paz, que vuelva a ser un espacio querido por los ciudadanos”. En este sentido Carmen Bellet puntualiza que “es difícil cambiar el imaginario popular que quedó grabado en las diferentes generaciones de leridanos, por la militarización del castillo durante un período tan largo, pero el esfuerzo por conseguir el sello y el reconocimiento de alguien externo servirá para cambiar esa visión negativa”.

Bellet explica que la Seu Vella de Lleida “representa la cultura de un territorio y su identidad, estrechamente ligada a su posición estratégica y geográfica”. “El Turó, con el castillo y la catedral, es la silueta que se divisa desde cualquier punto de la plana de Lleida y, además de haber sido testimonio del paso de la historia y del tiempo, es también el mayor símbolo de identidad de sus ciudadanos.

Els Amics de la Seu Vella, leridanos incondicionales del monumento, iniciaron en 2007 una recogida de firmas popular para solicitar el reconocimiento mundial, con muy buena voluntad pero sin acabar de tener en cuenta el recorrido ni las diligencias necesarias para obtener el sello. Ahora podrían, esta vez sí, participar de un proceso que además de llenar de orgullo a sus asociados, devolvería el esplendor más absoluto al monumento que define Lleida y su skyline visto desde los cuatro puntos cardinales.

Ya han pasado 13 años desde que las iglesias románicas de la Vall de Boí consiguieran el título de Patrimonio de la Humanidad. Y Lleida aspira y mueve ficha para volver a llamar la atención de la UNESCO y del mundo. Animados por el éxito logrado en el Pirineo, se han conjurado para que el Turó traiga también a la Plana del Segrià la máxima distinción internacional.

*Cecília López*

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